Hace 4.568 millones de años nació el sistema solar y la joven Tierra era un mundo seco y químicamente inhóspito. Sin embargo, la vida logró surgir. Una investigación publicada en Science Advances revela que la clave pudo estar en un accidente fortuito: el choque con otro cuerpo celeste que cambió para siempre nuestro destino. La firma química de la Tierra quedó establecida en apenas tres millones de años. Los datos isotópicos analizados por el equipo suizo muestran que la combinación de elementos presentes en nuestro planeta lo convertía en un entorno estéril. No había rastros de sustancias volátiles necesarias para la vida. El trabajo del doctor Pascal Kruttasch, de la Universidad de Berna, revela que la proto-Tierra se configuró como un mundo seco, incapaz de sostener biología. La colisión con Theia, un planeta del tamaño de Marte, dio origen a la Luna y pudo aportar moléculas y compuestos volátiles que convirtieron a la Tierra en un entorno apto para la vida. Klaus Mezger, coautor del estudio, resume que la Tierra no debe su aptitud para la vida a un desarrollo continuo, sino probablemente al impacto tardío de un cuerpo extraño rico en agua.