El origen de la Luna fue un misterio hasta que las misiones Apolo trajeron rocas lunares a la Tierra. Los análisis mostraron que la Luna experimentó un océano de magma global y que las proporciones de isótopos de oxígeno eran idénticas a las de la Tierra. Esto llevó a la teoría del gran impacto, que propone que la Luna se formó a partir de la colisión de un cuerpo del tamaño de Marte con la Tierra primitiva, hace más de 4.000 millones de años. Las simulaciones posteriores refinaron la hipótesis, ajustando parámetros sobre la masa del cuerpo que chocó con la Tierra y la magnitud del choque. El programa Artemis retoma la senda de Apolo con el objetivo de enviar astronautas a misiones más largas y profundizar en el conocimiento del origen lunar. Los astronautas de las misiones Apolo 14 y Apolo 16 visitaron un lugar único en la Tierra para familiarizarse con el tipo de rocas que podrían encontrar en la Luna. Las rocas recolectadas entre 1969 y 1972 mostraron que la Luna había experimentado un océano de magma global, evidenciado por minerales ricos en potasio, tierras raras y fósforo. La falta de hierro y la ausencia de elementos muy livianos en las muestras lunares desafiaban las hipótesis previas.