La órbita baja terrestre está llena de miles de fragmentos de satélites y cohetes que giran a casi ocho kilómetros por segundo, lo que puede generar una nube de metralla capaz de destruir cualquier satélite operativo. Un estudio identificó 50 piezas concretas que concentran la amenaza, siendo el 88% cuerpos de cohetes soviéticos o rusos. La mayoría de estos restos son tan grandes que un solo choque podría desencadenar una reacción en cadena conocida como el síndrome de Kessler. Empresas como Astroscale han demostrado que es técnicamente posible capturar y desorbitar basura espacial, pero el verdadero obstáculo es económico. Retirar los 10 objetos más peligrosos reduciría el riesgo de colisiones en un 30%, y eliminar los 50 lo reduciría a la mitad. Desde el año 2000, China ha dejado más masa de cohetes muertos en órbitas de larga duración que el resto del mundo combinado. La órbita baja está más concurrida que nunca, con más de 6.000 satélites activos de Starlink, lo que aumenta la posibilidad de un choque catastrófico. Se discute la creación de un sistema de gestión de tráfico orbital para evitar este tipo de accidentes.