La presencia de patas blancas en gatos domésticos se debe a la domesticación y la selección artificial realizada por humanos hace unos 10.000 años. Los ancestros de los gatos domésticos, la subespecie Felis silvestris lybica, tenían un pelaje diseñado para el camuflaje en regiones áridas de África y Asia. Sin embargo, cuando los gatos comenzaron a convivir con humanos, se seleccionaron características físicas y de comportamiento que los hicieran más dóciles y tolerantes. La pigmentación felina se produce a partir de la migración de células precursoras de los melanocitos desde la cresta neural hacia la superficie del cuerpo. Si este proceso no se completa correctamente, pueden aparecer zonas blancas en las patas, pecho, vientre o cara. La selección humana intensificó la presencia de marcas blancas en los gatos, lo que se refleja en la frecuencia de este patrón en la población actual. Además, se ha detectado una correlación genética entre la presencia de marcas blancas y rasgos de comportamiento como la docilidad y la tolerancia al contacto humano.