La inteligencia artificial puede interpretar las expresiones faciales de animales para detectar dolor o malestar. En Reino Unido, cámaras en granjas registran los gestos de cerdos y ajustan su ración según su estado emocional. En Israel, la informática Anna Zamansky aplica la IA a expresiones de perros y gatos. En Brasil, un sistema alcanzó un 88% de aciertos en la detección de dolor en caballos post-cirugía. Los algoritmos funcionan como una 'caja negra', pero algunos equipos usan mapas de calor para explicar sus resultados. La falta de bases de datos amplias limita el aprendizaje de los modelos. El impacto potencial es enorme, con aplicaciones en clínicas veterinarias, granjas y competiciones ecuestres. Los investigadores insisten en que la inteligencia artificial debe ser un apoyo, no un sustituto del criterio humano. La tecnología puede transformar la relación entre humanos y animales, redefiniendo el cuidado en granjas, clínicas y hogares.