El fuego griego fue una arma legendaria que combinaba nafta, azufre, resina de pino, cal viva y posiblemente nitrato de potasio, generando una mezcla con propiedades extraordinarias. Podía arder a temperaturas de hasta 1.000 grados Celsius y mantenerse encendido sobre el agua. Su uso requería un sistema tecnológico complejo y conocimiento táctico, siendo utilizado en la guerra naval por el Imperio Bizantino. La cal viva podría haber sido el ingrediente que provocaba la ignición automática al entrar en contacto con el agua. El secreto de su fabricación se convirtió en una cuestión de estado, siendo protegido con celo. La producción estaba compartimentalizada y cualquier intento de divulgar el secreto se castigaba con la muerte. En 2002, el historiador John Haldon y el químico Maurice Byrne realizaron experimentos que lograron recrear una versión funcional del arma. El fuego griego ha pasado a la historia como un ejemplo temprano de guerra tecnológica basada en el conocimiento científico y el secreto militar.