Los pulpos tienen la capacidad de transformarse en cuestión de segundos gracias a millones de cromatóforos en su piel, que actúan como píxeles biológicos. Esto les permite cambiar de color, textura y forma para camuflarse o intimidar a depredadores. El investigador Martin How compara esta estrategia con un acto de hipnosis. Los cefalópodos también utilizan destellos luminosos para comunicarse y coordinar movimientos en grupo. La neurocientífica Tessa Montague sostiene que las transformaciones de los pulpos son respuestas automáticas a estímulos del entorno o del propio organismo. La piel de los pulpos refleja estados emocionales como miedo, estrés, excitación o deseo. Los pulpos demuestran que la inteligencia no siempre reside en el cerebro, sino que puede estar repartida por todo el cuerpo. Según National Geographic, los cefalópodos son los camaleones más complejos del océano, capaces de reproducir casi cualquier escenario submarino con asombrosa fidelidad.