Un estudio del Brigham and Women’s Hospital demostró que algunas áreas cerebrales permanecen activas durante el sueño profundo para garantizar la seguridad. El estudio se realizó con 23 adultos sanos y combinó tecnologías como EEG, fMRI y fPET-FDG para obtener una visión sin precedentes del cerebro dormido. Los resultados mostraron que la actividad cerebral global disminuye durante el sueño NREM, pero el flujo sanguíneo y el metabolismo permanecen activos en las zonas sensoriales. El cerebro reduce el gasto energético en procesos de pensamiento y memoria, pero mantiene encendidos los circuitos que le permiten detectar sonidos o vibraciones externas. Esto sugiere que el sueño profundo no es un “apagón”, sino una reorganización funcional. La investigadora Jingyuan Chen afirma que el cerebro mantiene un nivel mínimo de vigilancia incluso durante el sueño más profundo, lo que es esencial para reaccionar ante ruidos, movimientos o señales de peligro. El estudio tiene implicaciones para la salud y los trastornos del sueño, y podría mejorar el tratamiento de insomnio y enfermedades neurodegenerativas.