El cambio climático está intensificando las condiciones atmosféricas que favorecen las descargas eléctricas, lo que resulta en un aumento en la frecuencia de incendios forestales iniciados por rayos. Desde 1979, regiones del este de Estados Unidos registran hasta 15 días adicionales con altos valores de CAPE, un indicador de inestabilidad atmosférica que favorece la formación de rayos. Se proyecta que hacia finales de siglo, habrá un 41% más de rayos. Un estudio estima que entre 2030 y 2060, estados como Oregon, Washington, Idaho y Montana podrían sumar hasta 12 días extra de rayos con impacto en tierra cada año. Los incendios iniciados por rayos son responsables de dos tercios del área total quemada cada verano en el oeste de Estados Unidos. La exposición a partículas finas derivadas de incendios podría causar 27.800 muertes adicionales al año, con daños económicos estimados en 244.000 millones de dólares. El investigador Dmitri Kalashnikov explica que el concepto de 'rayo seco' resume el peligro: una chispa que enciende vegetación reseca sin la compañía de lluvia suficiente para apagarla.