Bajo el hielo antártico se oculta un relieve montañoso surcado por ríos que fluyen en direcciones insólitas, impulsados por la presión de millones de toneladas de hielo. El glaciar Totten, al desprenderse en el océano, libera icebergs del tamaño de ciudades flotantes. Investigadores trazaron con radar y mediciones de gravedad un mapa inesperado: cadenas montañosas, cañones y cientos de lagos subglaciares. El calor geotérmico y la fricción del hielo mantienen en movimiento un flujo mínimo de agua que, acumulada durante siglos, alimenta auténticos espejos líquidos bajo la capa helada. Según la hidróloga Anna-Mireilla Hayden, estas corrientes no solo siguen la gravedad: la presión del hielo permite que el agua fluya cuesta arriba y recorra laderas invisibles, en un sistema que recuerda a un mundo invertido. Durante 11 años, el equipo combinó mapas del relieve subglacial con cálculos precisos del espesor del hielo. El resultado: la confirmación de que los glaciares más veloces de la Antártida cuentan con abundante agua lubricando su base. Un futuro incierto para los océanos: las simulaciones predicen que, hacia 2100, algunos de estos ríos subglaciares podrían multiplicar hasta por cinco su caudal.