Un equipo del Instituto de Investigación del Suroeste y la Universidad de Yale ha demostrado que la acreción tardía, el último 1% del crecimiento planetario, dejó huellas profundas en la Tierra, Marte, Venus y Mercurio. La Tierra alcanzó casi toda su masa definitiva hace entre 60 y 100 millones de años tras el nacimiento del sistema solar. Según la astrofísica Simone Marchi, ese último tramo de choques definió propiedades únicas como tectónica activa, atmósfera compleja y presencia de agua. En contraste, Marte quedó como un planeta de superficie desigual y Mercurio con un núcleo metálico desproporcionado, probablemente tras un impacto catastrófico. Los científicos reconstruyen este pasado violento con registros de la Luna, análisis de meteoritos y simulaciones de impactos a gran escala. El destino de cada colisión marcó la estructura de los núcleos, cortezas y atmósferas. El estudio advierte que no basta con encontrar mundos del tamaño de la Tierra en la zona habitable de sus estrellas, sino que el historial de impactos debe considerarse esencial para determinar la habitabilidad.