Un equipo de investigadores liderado por el Instituto Gallego de Física de Altas Energías (IGFAE) ha logrado medir por completo la velocidad y dirección del retroceso de un agujero negro recién formado tras una fusión. El evento GW190412, detectado en 2019 por los observatorios LIGO y Virgo, corresponde a la fusión de dos agujeros negros de masas desiguales. El equipo determinó que el agujero negro resultante se desplazó a más de 50 km/s, una velocidad suficiente para que pudiera ser expulsado de un cúmulo globular. La medición se basó en la emisión de ondas gravitacionales y permitió reconstruir el movimiento tridimensional del agujero negro. Esta hazaña supone una pieza clave para entender mejor los eventos más extremos del universo y abre nuevas puertas en la astrofísica moderna. El investigador Juan Calderón-Bustillo explica que la fusión de agujeros negros se puede entender como una orquesta que toca una composición compleja, con distintos modos de emisión de ondas gravitacionales. La capacidad de reconstruir el movimiento tridimensional de un agujero negro a miles de millones de años luz es una muestra del potencial de esta rama de la ciencia.