El campo magnético de la Tierra, generado por el movimiento de hierro fundido en el núcleo externo, está experimentando una deformación. Desde 2013, la misión Swarm de la Unión Europea ha estado monitoreando el campo magnético y ha detectado una región de campo débil sobre el Atlántico Sur, conocida como la Anomalía del Atlántico Sur. En once años, el tamaño de esta anomalía se ha duplicado, alcanzando un área equivalente a la mitad de Europa. Los satélites que orbitan a baja altitud sufren fallos electrónicos y pérdidas de señal al pasar por esta región. El investigador Chris Finlay sugiere que el origen del fenómeno está en la frontera entre el núcleo externo líquido y el manto rocoso del planeta, donde las corrientes del hierro fundido se comportan de manera anómala. La Anomalía del Atlántico Sur se está moviendo lentamente hacia el oeste, sobre África, y afecta a los sistemas de navegación, comunicaciones y observación satelital. Los científicos no descartan que este debilitamiento sea parte de un ciclo natural, pero la preocupación actual se centra en los efectos inmediatos, como fallos en satélites y exposición creciente a la radiación en órbita baja.