Un equipo de científicos ha descubierto un fragmento de ámbar en la Bahía de Pine Island, en la costa del mar de Amundsen, al oeste de la Antártida. El ámbar, que se formó hace unos 90 millones de años, durante el Cretácico, contiene patrones de resina producida tras heridas, como si los árboles hubiesen sufrido incendios o ataques de insectos. El descubrimiento sugiere que la Antártida albergó bosques templados en el pasado, con un clima radicalmente distinto al actual. Los investigadores concluyen que el clima fue posible gracias a niveles de dióxido de carbono muy elevados, que actuaban como un efecto invernadero natural. El ámbar ofrece una referencia directa sobre cómo responden los ecosistemas polares a climas extremos, un conocimiento crucial en tiempos de cambio climático. La Antártida no fue siempre el páramo helado que hoy conocemos, sino que durante el Cretácico, cuando los continentes aún estaban unidos en Gondwana, su latitud extrema no impedía que floreciera la vida. El descubrimiento reescribe la cronología del continente y ofrece una ventana al pasado del clima terrestre.