Investigadores en Australia liderados por Robert Newton, del Exercise Medicine Research Institute en Perth, encontraron que la sangre de mujeres que habían superado el cáncer de mama contenía sustancias capaces de inhibir la proliferación de células tumorales después de una sesión intensa de entrenamiento. El estudio contó con 32 mujeres que no practicaban ejercicio regularmente y se dividieron en dos grupos: uno realizó intervalos de alta intensidad en máquinas de gimnasio durante 45 minutos, y el otro practicó entrenamiento de fuerza con la misma duración. La sangre obtenida antes y después fue aplicada a células tumorales cultivadas en laboratorio. Los resultados mostraron que el plasma posterior al ejercicio detuvo el crecimiento de muchas células cancerosas e incluso provocó la muerte de algunas. La interleucina-6 (IL-6) se destacó como uno de los compuestos más potentes en esta respuesta biológica. Expertos independientes coincidieron en que los programas de ejercicio progresivo e intenso son seguros y altamente beneficiosos para supervivientes de cáncer.