Marta Oliver, una sanitaria española que vive en Kirguistán, llevó a su hija al pediatra de urgencias debido a un virus de barriga. La consulta se llevó a cabo en una clínica que, según Oliver, no cumplía con los estándares de higiene de España. La pediatra le recomendó una vía con vitaminas y una solución salina, pero Oliver se mostró reticente debido a que consideraba que no era necesario. Finalmente, se le administró una inyección intramuscular para los vómitos y se le recetó medicación para tomar en casa. La consulta costó 12 euros y la inyección 1,80 euros. Oliver se mostró sorprendida por la cantidad de medicamentos recetados para un virus de barriga y tuvo que utilizar un traductor para entender la receta debido a que estaba escrita en letras rusas.