Viajar en avión puede ser incómodo, pero llevar objetos básicos como un antifaz, cojines o una botella de agua puede marcar la diferencia. Un objeto inesperado que se postula como imprescindible es una pelota de tenis, que puede ser utilizada para automasajearse y mejorar la circulación. La técnica consiste en aplicar una presión suave y hacer rodar la pelota a lo largo de músculos como los de los muslos, las pantorrillas o los hombros. Esto puede estimular el flujo sanguíneo y aflojar los puntos de tensión. La inmovilidad prolongada puede favorecer la sensación de piernas pesadas y aumentar el riesgo de trombosis venosa profunda. Un automasaje con una pelota puede ser una forma práctica de activar la circulación cuando no es posible levantarse cada poco tiempo. Expertos como Lee Cartwright advierten que cruzar las piernas durante un vuelo puede dificultar la circulación y elevar la probabilidad de desarrollar trombosis venosa profunda. Las personas mayores corren un riesgo añadido debido a la edad. Una pelota de tenis en el equipaje puede convertirse en un aliado anti-rigidez en trayectos largos.