La psicología distingue entre la soledad elegida y la soledad impuesta. La primera puede mejorar capacidades cognitivas y emocionales. Estudios recogidos por la revista VegOut describen siete rasgos únicos en personas que disfrutan de su propia compañía, como mayor conciencia de sí mismos, capacidad creativa, autonomía personal, regulación emocional, concentración profunda, motivación intrínseca y resiliencia psicológica. La soledad elegida puede reducir el cortisol, mejorar el estado de ánimo y favorecer la claridad mental. Especialistas como Thuy-Vy Nguyen y Netta Weinstein subrayan que la soledad planificada puede ser beneficiosa. La psicóloga Vanesa Fernández López sugiere cultivar una relación sana con uno mismo para disfrutar de la soledad elegida sin aislarse. La clave está en elegir ese espacio, no en padecerlo. Un estudio cualitativo realizado en Reino Unido durante los confinamientos por la COVID-19 describe la soledad como un laboratorio del yo que favorece la autoindagación y la autocompasión. La soledad elegida no es una huida, es signo de madurez.