La temperatura ambiente es un factor determinante para lograr un descanso reparador. El cuerpo humano sigue un ritmo circadiano que regula la temperatura corporal durante la noche, descendiendo unos grados para facilitar el sueño y calentándose al amanecer para despertar. La temperatura ideal para dormir está entre 18 y 19 °C, según el neurólogo Chris Winter. Un ambiente demasiado cálido o frío interrumpe la fase REM, responsable del descanso reparador y del procesamiento de la memoria. Un estudio indica que el 57% de los adultos siente calor al dormir, mientras que un 37% se enfría demasiado. Los especialistas ofrecen consejos para mantener el ambiente ideal, como bajar el termostato, cerrar cortinas o persianas, usar ropa de cama ligera y transpirable, optar por un colchón y una almohada ventilados, evitar el alcohol y la cafeína, realizar ejercicio regularmente y apagar pantallas y reducir la exposición a luz azul. Un dormitorio oscuro, silencioso y fresco se convierte en una herramienta terapéutica natural, mejorando la calidad del sueño, estabilizando el ritmo circadiano, reduciendo la presión arterial nocturna y favoreciendo el sistema inmunológico.