La deshidratación puede pasar inadvertida hasta que los síntomas se agravan. Reconocer las señales tempranas es fundamental para evitar problemas mayores. Los primeros signos incluyen sed, sequedad en la boca y cambios en la orina, como un tono amarillo oscuro o un olor fuerte. La frecuencia urinaria disminuye, y si se orina menos de cuatro veces al día, es motivo de alerta. El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) advierte que, en adultos, también pueden aparecer mareos, cansancio, labios secos y ojos hundidos. En bebés y niños pequeños, la ausencia de lágrimas al llorar, escasos pañales mojados y una fontanela hundida son señales preocupantes. La falta de agua afecta al organismo entero, causando fatiga, dolor de cabeza, menor capacidad de concentración y cambios de humor. Si no se corrige a tiempo, el riesgo de complicaciones como golpes de calor o cálculos renales aumenta. La mejor prevención es mantener una hidratación constante a lo largo del día, bebiendo suficiente líquido para que la orina sea clara y abundante, y aumentar la ingesta en días calurosos o durante la actividad física.