Después de un entrenamiento intenso, ducharse puede no ser tan beneficioso como se piensa. El cuerpo necesita tiempo para recuperarse, y los expertos recomiendan dedicar entre cinco y diez minutos a una fase de enfriamiento activo, que incluye caminata suave, respiración controlada o movimientos ligeros. Esto ayuda al corazón a recuperar su ritmo basal y prepara al cuerpo para los estiramientos. La ducha debe realizarse después de este proceso, y aunque el agua caliente parece la opción más lógica, la evidencia científica sugiere que las duchas frías también tienen ventajas, como mejorar el confort térmico y reducir el estrés cardiovascular. El proceso de recuperación también incluye hidratación, descanso adecuado y atención a la ciencia de la recuperación. Repensar las rutinas postentrenamiento puede ayudar a mejorar el rendimiento y proteger la salud a largo plazo. Según el fisiólogo Jonathan M. Peake, el periodo de recuperación es crucial y puede marcar la diferencia entre una buena práctica deportiva y una que genere lesiones o fatiga crónica.