La infancia es el laboratorio silencioso donde se forja quiénes seremos. La psicología moderna ha identificado cinco huellas emocionales que definen gran parte de nuestra vida adulta. Estas huellas incluyen el peso de los vínculos familiares, la autonomía, el amor palpable, el valor de los errores y la importancia del acompañamiento en momentos difíciles. La resiliencia se nutre de la sensación de pertenencia y la confianza básica se construye a través de gestos de amor y apoyo. La repetición de pequeños rituales brinda un sentido de estabilidad y la autonomía se desarrolla a través de la superación de retos. La crítica genera miedo, mientras que el apoyo transmite confianza. La sensación de control sobre la propia vida se origina en la niñez, gracias al acompañamiento en momentos difíciles. Los psicólogos como Jean Piaget y Albert Bandura han destacado la importancia de la infancia en la formación de la personalidad y la autoestima.