Un estudio liderado por el Hospital Clínic de Barcelona ha examinado la actividad cerebral de 40 mujeres agredidas sexualmente y ha descubierto alteraciones en la conectividad en el sistema frontolímbico. La investigación, presentada en la Conferencia del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, encontró que en 22 de las 40 mujeres agredidas había desaparecido casi por completo la comunicación entre la amígdala y la corteza prefrontal, áreas relacionadas con el miedo y la regulación de las emociones. El estudio sugiere que esta desconexión podría ser un biomarcador predictivo de la respuesta al tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT). La agresión sexual es una de las formas más extendidas de trauma que afectan a las mujeres, y alrededor del 70% de las víctimas desarrolla TEPT. El equipo de investigación, liderado por Lydia Fortea, considera que esta diferencia cerebral podría ser una característica del trastorno en sí, pero no necesariamente un indicador de la gravedad de los síntomas. El estudio tiene implicaciones importantes para el tratamiento y la prevención del TEPT en mujeres agredidas sexualmente.