María Branyas Morera, la persona más longeva del mundo, vivió hasta los 117 años y 168 días. Su hábito diario de comer yogur de la marca La Fageda, elaborada en la Garrotxa catalana, podría haber contribuido a su sorprendente salud. Un estudio publicado en Cell Reports Medicine encontró que su microbioma intestinal era 'casi juvenil' y que comía hasta tres yogures diarios de esta marca. La empresa recibió llamadas desde el Reino Unido de personas interesadas en comprarlos o distribuirlos. La genética de Branyas también jugó un papel importante, con variantes que la protegieron de la demencia, el cáncer y los problemas de corazón. Su reloj biológico revelaba que era hasta dos décadas más joven de lo que decía su DNI. Branyas siguió una dieta mediterránea, bebía un batido de ocho cereales cada mañana, nunca fumó ni bebió alcohol y mantuvo una intensa vida social. El equipo de Manel Esteller cree que este caso puede abrir la puerta a terapias que imiten los efectos de los 'buenos genes' o de un microbioma rejuvenecido.