Doug Whitney, un hombre de 76 años, ha desafiado a la ciencia al no desarrollar Alzheimer a pesar de tener una mutación genética que lo condenaba a padecer la enfermedad. Su familia tiene una historia de Alzheimer hereditario de aparición temprana, con su madre, hermano mayor y nueve de los trece hermanos de su esposa fallecidos por la enfermedad. A pesar de que su cerebro está saturado de placas de amiloide, apenas presenta rastros de tau, la proteína que causa el deterioro cognitivo. Los científicos de la Washington University han estado estudiando su caso durante catorce años y han encontrado que tiene un sistema inmunitario menos inflamatorio y una concentración inusualmente alta de proteínas de choque térmico. Su hijo Brian, de 53 años, ha heredado la mutación, pero de momento sigue sano y participa en ensayos clínicos con fármacos antiamiloide. El caso de Doug Whitney ha reavivado el debate sobre los límites del determinismo genético y ha abierto la puerta a terapias que actúen no eliminando el amiloide, sino impidiendo que éste desencadene la cascada destructiva de la tau.