La percepción de bienestar sigue una curva en forma de U a lo largo de la vida, según el National Bureau of Economic Research. La satisfacción personal disminuye progresivamente desde los 18 años hasta alcanzar su punto más bajo a los 47,2 años, con una pérdida de hasta un 10% en el nivel de felicidad. Esto se debe a desafíos profesionales, presiones familiares y dudas existenciales. Sin embargo, después de los 50 años, especialmente en la década de los 60, los niveles de felicidad vuelven a subir. Las personas describen sentirse más plenas y tranquilas que nunca, posiblemente por una mayor aceptación de la vida y un cambio en sus prioridades. Esta tendencia se ha observado en diversos países y culturas, mostrando que se trata de una tendencia humana recurrente más allá de fronteras o contextos sociales.