El cuerpo humano mantiene una temperatura constante cerca de los 37°C. Beber líquidos helados puede activar receptores de frío, pero también aumenta la producción de calor interno. Un estudio comprobó que beber medio litro de agua a temperatura ambiente aumentaba el gasto energético en unas 100 kcal. Las bebidas calientes desencadenan una respuesta opuesta, aumentando la sudoración. En ambientes secos, el sudor se evapora rápidamente, enfriando la piel. En climas húmedos, el sudor no se evapora con facilidad. La temperatura óptima del agua depende del entorno y nuestra actividad. Por ejemplo, en ejercicio intenso en calor seco, el agua fría puede ser ideal, mientras que en humedad alta, la mejor opción es tomar bebidas a temperatura ambiente. Un estudio publicado en Nature en 1980 explica cómo los beduinos beben té caliente en el desierto para enfriarse. La ropa negra y holgada también ayuda a disipar el calor. La temperatura del líquido influye en su eficacia para refrescarnos, dependiendo de la humedad exterior. Agua fría, templada o caliente tienen diferentes efectos en el cuerpo.