Los incendios forestales generan partículas finas PM2.5, que pueden viajar cientos de kilómetros y afectar la salud de personas que viven lejos del fuego. Estas partículas, con un diámetro inferior a 2.5 micras, pueden penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo, causando efectos graves en la salud. Durante los incendios en España, zonas como Castilla y León, Galicia y Asturias han registrado niveles de contaminación que han superado hasta 40 veces los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud. La exposición a PM2.5 puede aumentar el riesgo de muerte por infarto, ictus o neumonía, y también puede transportar sustancias tóxicas como benceno, formaldehído o dióxido de azufre. Para protegerse, se recomienda permanecer en interiores, usar mascarillas FFP2 o FFP3, y utilizar purificadores de aire con filtro HEPA. También es importante mantenerse bien hidratado y realizar lavados nasales con suero fisiológico si se ha estado expuesto al humo. En casos graves, es recomendable contactar con los servicios de urgencias.