Investigadores del Instituto Weizmann y médicos del Centro Médico Ichilov han logrado observar cómo el cerebro responde al riesgo de pérdida y cómo esta respuesta puede descontrolarse en casos de ansiedad o TEPT. La amígdala es un núcleo cerebral esencial para procesar miedo, estrés y amenazas. Los resultados mostraron que, frente a posibles pérdidas, los participantes eran más proclives a abandonar estrategias óptimas y explorar opciones alternativas, incluso si eso suponía resultados peores a corto plazo. Un subgrupo de neuronas en la amígdala y la corteza temporal se activaban justo antes de que los voluntarios probaran nuevas estrategias. La diferencia clave estaba en el 'ruido neuronal': bajo riesgo de pérdida, la actividad era más caótica, lo que aumentaba la sensación de incertidumbre. Alrededor del 4% de la población mundial sufre trastornos de ansiedad, y que entre quienes atraviesan traumas graves, hasta un 6% desarrolla TEPT.