Dormir poco puede afectar la salud cerebral a largo plazo. El sistema glinfático actúa como una red de drenaje que elimina desechos del cerebro, incluyendo proteínas beta-amiloides responsables de las placas del Alzheimer. Durante el sueño profundo, este sistema intensifica su labor de limpieza. Estudios en animales y humanos muestran que una sola noche sin dormir eleva los niveles de beta-amiloide en regiones como el hipocampo. Un estudio publicado en PNAS en 2018 demostró que la privación de sueño incrementa significativamente los niveles de beta-amiloide en el líquido cefalorraquídeo de personas sanas. Se recomienda dormir entre 7 y 9 horas para prevenir la demencia. Los somníferos no activan los mecanismos químicos que favorecen la limpieza glinfática, por lo que no ofrecen los mismos beneficios protectores que un sueño natural y profundo.