Investigadores de universidades como la de Illinois Chicago y la de Iowa State encontraron que el ejercicio puede ayudar a reducir síntomas de ansiedad y depresión, pero sus efectos suelen ser menores de lo esperado y dependientes del contexto. Actividades recreativas como jugar al fútbol o practicar senderismo están asociadas con un mejor bienestar emocional, mientras que tareas domésticas o trabajos físicos no ofrecen los mismos beneficios psicológicos. El contexto es crucial, y el beneficio del ejercicio depende del entorno en el que se realiza. Los investigadores sugieren que parte del efecto positivo atribuido al ejercicio podría ser un efecto placebo. La brecha de equidad es un problema, ya que adultos latinos en Estados Unidos tienen los niveles más altos de actividad física, pero esta se concentra en el trabajo y no en actividades recreativas. El estudio también revela que la calidad de los estudios sobre el tema es limitada, con muchos teniendo menos de 100 participantes y durando menos de seis meses. El ejercicio físico parece funcionar mejor cuando se combina con otros elementos, como apoyo emocional o sistemas de recompensas. El sobreentrenamiento o la presión constante por rendir pueden empeorar la salud mental. Los investigadores concluyen que el ejercicio no es una solución universal ni mágica para la salud mental, y que se debe promover con realismo y considerar el contexto y las condiciones sociales y personales de cada individuo.