Las olas de calor extremas ponen a prueba los límites del cuerpo humano. La temperatura interna ideal del cuerpo es de 37 °C, y el límite peligroso es de 40 °C internos. La temperatura húmeda es un indicador que combina el calor ambiental con la humedad relativa, y su umbral crítico es de 35 °C. La sudoración es el sistema natural de refrigeración del organismo, pero puede dejar de ser eficaz en climas muy húmedos. La exposición continua al calor sin un descanso térmico nocturno aumenta la fatiga y el riesgo acumulado de problemas cardiovasculares. La vulnerabilidad frente al calor aumenta en niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas. El organismo puede adaptarse parcialmente al calor en una o dos semanas, pero esta adaptación no evita los efectos de temperaturas extremas sostenidas. Los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático alertan de que los episodios de calor extremo serán más frecuentes e intensos en el futuro.