La especialista en comportamiento felino Nai Osepyan explica que la integración de perros y gatos en un hogar no se produce de forma automática, sino que requiere supervisión constante y un ambiente adaptado. Los perros y gatos tienen lenguajes y necesidades específicas, y su personalidad y nivel de actividad pueden influir en la convivencia. Señales de estrés en los gatos incluyen dejar de usar la bandeja de arena, esconderse o lamerse en exceso. La clave para una convivencia armónica es ofrecer espacios propios y seguros para el gato, trabajar la conducta del perro con refuerzo positivo y supervisar siempre las interacciones. No se trata de jerarquía, sino de tolerancia, y es importante que convivan sin estrés. Con paciencia, constancia y respeto por los tiempos de cada animal, la convivencia armónica entre perros y gatos es posible.