La psicología analiza cómo las amistades o la falta de ellas moldean la manera en que construimos nuestra identidad y nuestras relaciones. Un estudio internacional publicado en 2024 en Frontiers in Developmental Psychology advierte que los niños con dificultades para integrarse tienen mayor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o problemas de vinculación en la adultez. La explicación es clara: nuestra identidad se construye en parte a través de la mirada de los demás. Si esta falta, aparecen vacíos difíciles de llenar. Belén de Pano, especialista en autoestima y habilidades sociales, señala que el entorno temprano es un laboratorio fundamental para aprender a relacionarnos. Algunos desarrollan fobia social, otros apenas un bloqueo temporal que con los años puede superarse. La psicología propone trabajar en la autoestima como paso inicial para quienes arrastran vacíos de la infancia. Un caso de un paciente que lleva más de 15 años intentando formar vínculos sin éxito demuestra que la reciprocidad es un factor esencial. La construcción de amistades es, en esencia, un proceso de ida y vuelta. Tania, una joven de 26 años, siempre mantuvo amistades sueltas pero valiosas, y su relato demuestra que la ausencia de un colectivo grande no equivale necesariamente a aislamiento. Carlos, hoy jubilado, recuerda con nostalgia el grupo de amigos de su barrio en la infancia, pero una mudanza lo llevó a internado y luego a entornos nuevos. Años después, conserva apenas un chat con algunos excompañeros. Sin embargo, reconstruyó su red social en la adultez, demostrando que nunca es tarde para establecer relaciones profundas.