El calabacín es una hortaliza versátil y económica, pero su piel fina y alta composición en agua hacen que se ablande y arrugue fácilmente. Para conservarlo, es importante elegir calabacines frescos con piel lisa y firme, sin golpes ni magulladuras. Una vez en casa, se debe guardar directamente en la nevera, sin lavarlo ni apilarlo, y lejos de frutas climatéricas. Un calabacín entero puede aguantar entre dos y tres semanas en la nevera, pero es importante revisarlo cada pocos días. También se puede guardar cortado, en un táper hermético, y consumirlo en tres o cuatro días. El calabacín también se puede congelar, escaldándolo primero en agua hirviendo durante tres minutos, enfriándolo rápidamente y secándolo. Después, se puede embolsar y congelar. Otras opciones son deshidratar, encurtir o preparar conservas con el calabacín. Los expertos como Eddie Pipocas y Herbert Goetsch recomiendan seguir estos pasos para conservar el calabacín de manera efectiva.