La medición del tiempo fue fundamental en la medicina antigua grecorromana. Los médicos utilizaban relojes de sol y clepsidras para establecer la duración de tratamientos y tomar el pulso de los pacientes. La clepsidra se adaptó para usos clínicos específicos, como medir el pulso y estructurar sesiones terapéuticas. El reloj de sol servía para orientar acciones terapéuticas según la posición del sol. La medicina grecorromana partía de la premisa de que el cuerpo humano y el cosmos compartían una estructura temporal común. Un estudio reciente de la historiadora Kassandra J. Miller explora la historia de la medición del tiempo en la medicina grecolatina. La precisión en la medición del tiempo era crucial para predecir crisis en la evolución de una enfermedad. La introducción de herramientas para medir el tiempo cambió la forma en que los antiguos entendían el cuerpo enfermo. La medicina grecorromana incorporó los valores del ritmo, el intervalo y la duración del mal. El cuerpo pasó a ser una estructura sujeta al tiempo, una máquina que podía sincronizarse con los ritmos cósmicos. El libro 'Time and Ancient Medicine: How Sundials and Water Clocks Changed Medical Science' de Kassandra J. Miller, publicado en 2023 por Oxford University Press, profundiza en este tema.