Desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el conflicto ha evolucionado hacia una guerra prolongada. Las fuerzas rusas han desplegado sistemas de armas como el Geran-3, un dron de ataque con velocidad de hasta 370 km/h y un alcance de 1.000 km. Ucrania ha capturado y analizado uno de estos drones, descubriendo que su letalidad no proviene de la innovación rusa, sino de componentes occidentales. El dron utiliza un motor turbojet Telefly JT80 fabricado en China, una bomba de combustible Bosch de la República Checa, microchips y módulos electrónicos de empresas de Estados Unidos, Reino Unido, Suiza y Alemania, y una computadora Raspberry Pi 4. El precio del motor turbojet es de entre 30.000 y 35.000 dólares. La presencia de componentes occidentales plantea interrogantes sobre la efectividad de las sanciones internacionales impuestas a Rusia.