El hundimiento de una narcolancha en el Caribe ha generado preguntas sobre la estrategia de Estados Unidos en la lucha contra el tráfico de drogas. La nave, que transportaba 11 tripulantes, fue hundida por la fuerza naval estadounidense, que incluye una unidad de desembarco de 2.200 marines. Las autoridades norteamericanas no pueden probar que el esquife transportaba droga, y surgen dudas sobre la verdadera naturaleza de la operación. El caso ha generado reacciones contradictorias, con el presidente Trump calificando a las organizaciones criminales como terroristas, mientras que el senador Marco Rubio ha dicho que constituyen una amenaza inminente. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha reaccionado de manera sorprendente, sin tomar medidas concretas y sugiriendo que el hundimiento del bote fue una decisión de Marco Rubio. Todo esto ocurre después de que Trump fuera acusado de ser excesivamente blando con el régimen chavista por haber renovado la licencia a Chevron para comerciar petróleo venezolano. La situación es compleja y plantea muchas preguntas, como la liberación de 252 supuestos miembros de Tren de Aragua, una organización que no suele traficar con cocaína, y la reacción de Maduro, que no ha unido ninguna acción concreta a su retórica bolivariana y patriotera.