Estados Unidos ha puesto fin al cierre de Gobierno más largo de su historia, que duró 43 días. La Cámara de Representantes ha aprobado un paquete legislativo que ha permitido reabrir la Administración federal y ha devuelto a la normalidad los servicios básicos paralizados desde septiembre. La ayuda alimentaria ha vuelto a fluir, cientos de miles de empleados públicos han recuperado su sueldo pendiente y el sistema de control aéreo ha retomado su operativa habitual. La votación ha dejado un resultado de 222 a 209, con seis demócratas sumándose a la mayoría republicana y dos republicanos rompiendo filas para votar en contra. El proyecto ha asegurado la financiación federal hasta el 30 de enero, un alivio temporal que ha frenado el cierre, aunque no ha corregido el problema del déficit y la deuda. El Gobierno ha añadido otros 1,8 billones de dólares a un pasivo que supera ya los 38 billones. La reapertura ha devuelto aire a la Administración, pero no ha despejado el conflicto que la ha provocado. La batalla sobre el Obamacare y el rumbo fiscal ha quedado pospuesta hasta dentro de unas semanas.