El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido enviar el buque de acción marítima Furor P-46 para escoltar a la flotilla internacional Global Sumud, que busca llevar ayuda a Gaza y romper simbólicamente el bloqueo naval israelí. Esta decisión supone un hito en la política exterior española contemporánea. Además, España ha vetado el envío de armas de Estados Unidos a Israel, lo que ha obligado a desviar cazas F-35 israelíes hacia las Azores. La medida refleja una voluntad de ejercer soberanía plena en infraestructuras estratégicas, desmarcándose de la lógica estadounidense sin romper la alianza. El envío del Furor P-46 y el veto a Rota y Morón sitúan a Madrid en la delgada línea entre la solidaridad humanitaria y la presión diplomática. La postura actual recuerda inevitablemente la gestión española en conflictos anteriores, como la invasión de Irak en 2003 y la intervención en Libia en 2011. Ahora, España se coloca como voz crítica en la UE, enviando un buque no para combatir, sino para proteger una flotilla civil, y prohibiendo el tránsito de armas hacia un aliado tradicional de Estados Unidos como Israel. El Mediterráneo oriental se ha convertido en un espacio de fricciones geopolíticas donde confluyen los intereses de Israel, Turquía, Egipto, Grecia y ahora de las potencias europeas. Con su implicación, España busca reforzar su perfil como potencia mediterránea con agenda propia.