El pacto entre el PSC y ERC para investir a Salvador Illa como presidente de la Generalitat ha generado críticas por la aprobación de la quita de deuda autonómica, una exigencia de ERC a cambio de su apoyo. La quita de deuda, presentada como una medida técnica, es en realidad un regalo envenenado que beneficia a comunidades como Cataluña, con una gestión financiera cuestionable, a costa de regiones que han hecho los deberes, como Andalucía o Galicia. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ya ha advertido que los ahorros no podrán destinarse libremente al gasto público. El PP, con Alberto Núñez Feijóo a la cabeza, ha denunciado esta trampa que traslada la deuda autonómica al conjunto de los españoles, sin resolver el problema de fondo: un sistema de financiación autonómica desfasado e injusto. La negativa de comunidades como Madrid o Castilla y León a acogerse a la quita, con amenazas de ir a los tribunales, refleja la indignación ante un Ejecutivo que prioriza los intereses de ERC sobre los del resto de España. El pacto no solo debilita la equidad territorial, sino que legitima a quienes buscan fracturar el país.