David Alegre, historiador, ha investigado la red de perpetradores que convirtió Zaragoza y su provincia en un laboratorio del terror planificado por el bando sublevado en 1936. La investigación se centró en los verdugos materiales, pero también en la estructura jerárquica que los organizaba. Los perpetradores de alto rango eran oficiales del ejército y funcionarios con carreras consolidadas, mientras que los de bajo rango eran guardias civiles y voluntarios civiles. La ciudad de Zaragoza se convirtió en un escenario clave debido a su ubicación estratégica y su crecimiento acelerado. La radicalización de las políticas de eliminación se entendía como una manera de mantener la ciudad bajo control y evitar insurgencias internas. Alegre destaca que muchos de los perpetradores quedaron traumados de por vida y que la sociedad española está preparada para confrontar esta historia. El trabajo de investigación conllevó un fuerte desgaste emocional para Alegre, quien combinó su docencia universitaria con desplazamientos a diferentes ciudades para trabajar en archivos estatales y revisar documentación que detallaba torturas y asesinatos. Entre los casos que más impactaron a Alegre destaca el del abogado Julio Alcalá, quien llevaba una doble vida durante los primeros meses de la Guerra Civil. La investigación de Alegre se basó en testimonios de personas que habían vivido la guerra siendo niños o jóvenes, y en documentación judicial que relacionaba a los perpetradores con sus víctimas. La investigación también se centró en la forma en que los perpetradores se reinventaron después de la guerra, muchos de ellos convirtiéndose en empresarios y líderes de la sociedad zaragozana.