Un dron ucraniano se desvió de su ruta y explotó en un campo de Estonia, lo que abre un nuevo frente de preocupación. El dron había sido víctima de técnicas de spoofing y jamming empleadas por Rusia. Este incidente ilustra los riesgos de la guerra tecnológica entre Kiev y Moscú. Ucrania avanza en el desarrollo de drones y misiles de largo alcance, como el Flamingo, capaz de alcanzar 3.000 kilómetros. Rusia refuerza su arsenal con enjambres y sistemas de precisión. Los países bálticos reconocen que carecen de sistemas de detección capaces de interceptar drones de bajo vuelo. El director del servicio de seguridad estonio, Margo Palloson, confirmó que la aeronave se desvió de noche tras ser víctima de interferencias electrónicas. El mismo día del incidente, drones ucranianos atacaron la planta de gas de Novatek en Ust-Luga, a 30 kilómetros de Estonia.