En la ciudad de Kennesaw, Georgia, una ordenanza municipal de 1982 obliga a los residentes a poseer armas de fuego y municiones. La norma incluye exenciones para personas con discapacidades físicas o mentales, condenados por delitos graves y quienes se oponen por convicción religiosa. A pesar de la literalidad del precepto, la práctica municipal es distinta y no se investiga ni se exige pruebas de cumplimiento. El alcalde Derek Easterling asegura que no se irá a tocar a la puerta de los residentes para pedir ver su arma. La ordenanza se considera simbólica y no se ha procesado ni arrestado a nadie por incumplirla desde su entrada en vigor. El departamento de policía de Kennesaw destacó que no hubo asesinatos registrados en 2023, aunque sí se reportaron muertes por suicidio con arma de fuego. La ordenanza nació en un contexto nacional tenso sobre armas y se interpretó como una declaración política y una respuesta simbólica a las prohibiciones locales.