El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha utilizado la situación en Gaza para desviar la atención de los escándalos de corrupción que afectan al Ejecutivo. Sánchez ha intensificado su retórica utilizando términos como 'genocidio' y ha presentado nueve medidas para abordar la situación, aunque muchas de ellas son imposibles de cumplir. La falta de coherencia en sus acciones sugiere que el objetivo es controlar el debate público nacional y no influir en la política internacional. Sánchez recurre al manifiesto populista, creando un 'enemigo exterior' para desviar la atención de los problemas internos del país, como la corrupción y el empobrecimiento de la ciudadanía. Esta estrategia puede ofrecer réditos políticos a corto plazo, pero erosiona la calidad del debate democrático y polariza a la sociedad. El contexto actual no justifica utilizar la situación en Gaza para tapar la corrupción del gobierno.