El Gobierno de Pedro Sánchez anunció un paquete de medidas para mostrar un giro duro frente a Israel, incluyendo la prohibición de entrada al espacio aéreo español de aviones con material de defensa destinado a Israel. Sin embargo, el Convenio de Cooperación para la Defensa firmado entre España y Estados Unidos en 1988 concede a Washington un margen de maniobra casi absoluto en las bases de Rota y Morón, lo que hace prácticamente imposible que el Gobierno español pueda controlar el destino final de los vuelos estadounidenses que hagan escala en territorio nacional. Estados Unidos tiene un contrato de 17.000 millones de euros con Tel Aviv, que incluye el suministro de 50 cazas F-15 que llegarán a partir de 2029. La medida parecía contundente, pero sobre el papel se ha demostrado ineficaz. El veto español parece más un gesto simbólico que una medida real. La relación de defensa con Estados Unidos se refuerza, con unos 6.700 militares norteamericanos operando en territorio español. El embargo anunciado por Sánchez se diluye en ese marco de dependencia, y Trump apenas encontrará obstáculos para burlar las restricciones.