El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha resucitado el discurso antinmigración, con propuestas como deportaciones a terceros países y revisión de redes sociales para solicitar visados. Esto ha generado un debate migratorio que no solo afecta a la política, sino también a la ciudadanía. En este contexto, se ha rescatado el corto antinazi 'Don't be a sucker' de 1947, producido por el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, que critica los discursos del odio y promueve la convivencia y la tolerancia. La película muestra a un agitador que intenta convencer a una multitud de que los extranjeros y los masones son un problema para el país, pero un personaje interviene y explica cómo los nazis utilizaron los prejuicios para dividir y conquistar Alemania. El mensaje de la película es radicalmente contrario al discurso de Trump, quien ha insistido en la necesidad de acabar con el 'fracasado experimento de fronteras abiertas'. El corto sigue vigente en 2025 y se ha convertido en un llamamiento a la reflexión sobre el discurso antinmigración y la importancia de la tolerancia y la convivencia. El gobierno italiano de Giorgia Meloni ha impulsado centros para inmigrantes en Albania, mientras que el ejecutivo húngaro ha promovido normativas para denegar el acceso a los inmigrantes, a quienes consideran 'veneno' y 'no necesarios'. El debate interno está servido en cada país y en el seno de la Unión Europea.