China implementó la política del hijo único en los años setenta para contener el crecimiento poblacional. Aunque fue eficaz, ahora enfrenta una crisis demográfica. En 2016, se permitió tener dos hijos, y en 2021, tres, pero la natalidad sigue siendo baja, con 1,12 hijos por mujer. Los costos de crianza son altos, superando los 75.000 dólares, y las mujeres jóvenes prefieren no tener hijos para no sacrificar sus carreras. El envejecimiento de la población es irreversible, y la economía china se enfrenta a un futuro incierto. La pirámide poblacional se ha invertido, y los mayores pronto superarán a los trabajadores activos. El gobierno intenta incentivar la natalidad con subsidios, pero no ha sido suficiente. La política del hijo único ha dejado a China sin herederos, y el país se enfrenta a un descontrol histórico.