Francia, considerada un estandarte del estado de bienestar en Europa, se enfrenta a una crisis debido a su deuda pública desbocada, parálisis política y sucesión de primeros ministros caídos. El país gasta más en protección social que cualquier otro país rico, pero este gasto parece insostenible en un contexto de bajo crecimiento y creciente polarización. La reciente dimisión del primer ministro Sébastien Lecornu resume el dilema: recortar drásticamente o mantener un bienestar cada vez más difícil de costear. Alemania, otro gran sostén histórico de la Unión Europea, también afronta recesión industrial y deterioro de infraestructuras. Expertos como Andreas Eisl sostienen que el dilema es político y que Europa debe decidir si prioriza blindar su Estado del bienestar o reorientar recursos hacia la seguridad militar. La matemática es implacable, con una población envejecida y una natalidad en declive, la base fiscal se estrecha mientras las necesidades aumentan. Italia y España, antaño consideradas eslabones débiles, exhiben hoy mayor estabilidad macroeconómica que las locomotoras europeas. El desafío se agrava por factores externos como la invasión rusa de Ucrania y la competencia de China con la industria europea.