El Templo de Karnak, situado en Luxor, ha sido un enigma durante siglos. Una investigación liderada por la Universidad de Uppsala ha arrojado nueva luz sobre sus orígenes. Con el análisis de 61 núcleos de sedimentos y decenas de miles de fragmentos cerámicos, se ha reconstruido el paisaje fluvial que dio origen al templo hace más de 4.000 años. El Nilo esculpió el entorno, creando un espacio entre corrientes que formó una isla natural. Los primeros habitantes se asentaron allí y comenzaron a erigir el templo. Se han identificado cerámicas datadas entre el 2305 y el 1980 a.C., lo que sugiere que las primeras actividades permanentes en la zona se dieron durante el Imperio Antiguo. El descubrimiento del canal oriental, previamente considerado menor, ha revelado una ruta fluvial adicional que condicionó la forma en que el complejo se expandió. La investigación sugiere que la elección del lugar no fue casual, sino un acto consciente para replicar el acto de la creación en su paisaje cotidiano.